6.5 Isfahan, su fortaltza y sus moradores

(01.05.1618 – 28.05.1618)

A un lado de la ciudad vieja, hacia la parte derecha, por donde entró en ella el Enbajador, hay una gran fortaleza, la cual aunque su primera fábrica es muy antigua, los penúltimos reyes Xa Thamas y Mahamet Codabanda, padre y abuelo de este presente rey, la repararon y fortificaron de nuevo en la forma que está ahora. Su sitio es en un llano en forma cuadra[da], teniendo cada lienzo y lado de la muralla cuatrocientos pasos de largo, y rodeada toda alrededor de un foso en que continuamente le entra agua, aunque muy bajo y en partes medio ciego y arruinado, no teniendo scarpa ni contra scarpa, y ansí no hay defensa en él. Entrase á esta fortaleza por una puente que hay sobre el mismo foso, y pasada hay una gran puerta guarnecida de gruesas planchas ó laminas de hierro que guarda un gran torreón de cuatro que hay en los cuatro principales ángulos que tiene el antemural ó barbacana que á catorce ó quince pasos rodea toda la fortaleza. Es el antemural de una gran pica de alto, y á trechos, por todo el lienzo del muro de un torreón a otro, de los que hay en los ángulos, algunos otros pequeños torreones que se hacen traves, de manera que de uno á otro descansadamente puede á puntería cierta alcanzar cualquiera arcabuz. El grueso de esta primera muralla será de diez ó doze pies, sin lo que ocupa el parapeto, que será de otros tres ó quatro, todo de un fuerte terrapleno, guarnecido por una y otra parte de aquella costra de barro amasado con paja menuda, de la manera que se ha dicho ya que se acostumbra en toda la Persia en las paredes de sus fortalezas y casas particulares, porque no se gasten con las lluvias.
Luego, á la distancia de los ya referidos catorce ó quince pasos, se levanta la otra mayor muralla, que es otro tanto más alta que la barbacana que se ha dicho, con cuatro torres á las cuatro esquinas, aunque no tan gruesas y anchas como las de abajo; ansí ellas como los lienzos de este segundo muro, guarnecidas del mismo barro, y por lo alto con su parapeto y almenas, guardando la misma forma que las otras fortalezas que se han visto en la Persia y reyno de Lara, que es la propia que hay en España de fábrica antigua. Pero esta, según su grandeza y mucha fortaleza de sus gruesos terraplenos, y con la comodidad que tiene de ahondarle y guarnecerle el foso, es más fuerte sin conparación de todas las que de esta fábrica antigua hemos visto, salvando el inexpugnable sitio de la que se describió en la ciudad de Lara. El grosor del terrapleno de esta segunda muralla, según afirmaron los governadores el día que el Embajador fue su convidado en ella, es de treinta pies, de una tapia fortísima y muy antigua, de manera que á cualquiera gran batería puede resistir con facilidad. Según se vio en la que el año de 1615 dieron á la ciudad de Ervan los turcos, porque siendo su muralla de solos diez pies de grueso, pero de esta misma tapia y antiguo terrapleno, la artillería del enemigo, que era mucha y muy gruesa, no hizo en ella efecto considerable.
Después de haber entrado por la primera puerta de esta fortaleza se va dando algunas vueltas por partes estrechas hasta llegar á otra de la misma forma, con sus puertas chapeadas todas de hierro, y de ella a otra tercera puerta de la propia suerte guarnecida y fortificada, habiendo en cada una de ellas algunos porteros y pocos soldados de guarda. En la plaza, que es grande y capaz de mucha gente, hay cuarenta ó cinquenta piezas de artillería, la más gruesa como medios cañones, la demás falconetes, por la mayor parte de la que este rey tomó á los turcos сuando les ganó las fortalezas de Tabris y Ervan, y por tropheo principal algunas piezas pequeñas que tomó en la fortaleza de Comoran á nuestros portugueses, y estas puestas en sus carretones. Toda la demás artillería está en el suelo, sin otro aparejo alguno, porque como tan lejos de enemigos, no curan de acomodarla en la muralla, ni los persianos saben usar de ella, y ansí generalmente es de poca inportancia entre ellos; solamente por aparencia en los torreones más bajos y cerca del foso que miran al medio día hay algunos esmeriles y medios falconetes. En medio de la fortaleza hay una grande y hermosa casa con algunas lonjas y varandas bajas, en que hay algunos pequeños estanques y fuentes de agua, que arrojándola muy alta vuelve sin verterse fuera á caer en las mismas fuentes; pareciendo esto mejor un día que el Embajador fue convidado de los governadores en una de estas lonjas, muy espaciosa y larga, cubierta por el suelo de muy finas alfombras, y la fuente que había en medio con mucha variedad de rosas y flores. Caía esta lonja ó varanda sobre un jardín en que había muchos árboles de fruta y variedad de yerbas y flores, siendo esto muy usado entre todos estos persianos y árabes, juntamente con el uso de los baños, á lo que generalmente son inclinados por las muchas mujeres que tienen.

El banquete que aquí se dio al Embajador fue conforme á los que dio el Sultán de Xiras, de grandes platos de gallinas, carnero y arroz, todo incorporado y junto, no difiriendo la variedad de estos platos sino en la diversidad de las colores del arroz, de que por la mayor parte eran compuestos. Las frutas eran ciruelas y albaricoques muy verdes y del todo por madurar, y cantidad de agraz desgranado, teniendo esto por cosa que provoca á beber, lo cual era muy continuo y abundante por mas de cuatro horas que duró el banquete, danzando en el interin dos choros de muchachos y mujeres, vestidos de aljubas de sedas y telas de oro de varias colores; los muchachos con cabello crecido, como mujeres, de la manera que otras veces se ha dicho, haciendo ademanes y movimientos efeminados y mujeriles. Las mujeres y muchachos de mejor parecer servían de pajes de copa, hallándose el Embajador muy cargado y con gran molestia de los tales sirvientes, y ansi pidió le trajesen alguna cosa levantada en que sentarse, por estar muy cansado y fatigado en el suelo, sobre las alfombras. Vinóse á hallar acaso en la misma fortaleza una silla alta, sigún nuestra costumbre, despojos del fuerte de Comoran, y un poco apartado de la conversación estuvo en ella descansando hasta que toda la fiesta fue acabada.

No se puede dejar de decir en este lugar la fama y opinión que este día se confirmó del Embajador, entre lodos los persianos, no solo de esta ciudad, sino de todas las demás del reyno de Persia, la cual opinión se había publicado y comenzado á divulgar en Xiras en los días que allí estuvo. La causa de ello fue que como un día antes de entrar en la dicha ciudad de Xiras, los gobernadores le fuesen á visitar á un aldea cerca adonde había parado, y entre otras cosas para su regalo les pareciese también ofrecerle algunas mujeres, porque no faltase nada al derecho y leyes de buen hospedaje, el Enbaxador le respondió que él era tan viejo que no tenía ya necesidad de entretenimiento semejante. A ellos le[s] pareció esto cosa imposible, aunque veían al Enbaxador con el cabello y barba blanco, y como después los días que estuvo en Xiras, visitándole muchas personas, y entre ellas algunos médicos y otros que hacían profesión de saber mucho de sus historias antiguas y modernas, el Embajador se informaba de ellos muy en particular de las nombres de las provincias, ríos y ciudades de este imperio oriental, conforme á lo que sabía por la legión de los autores antiguos y noticia de relaciones de estos tiempos, de la comunicación que el Embajador tuvo con estos hombres conocieron que sabía más de las cosas de Persia que ellos mismos, mayormente como les refiriese todo lo sucedido en el tiempo del Sofi Hismael y de Xeque Aidar, su padre, y de su hijo Xa Thamas, abuelo, visabuelo y tercero abuelo de este presente rey. Y como esto se publicase en toda la ciudad, infirieron de aqui que el Embajador hubiese estado otra vez por Embajador mucho tiempo en estos reynos de Persia, y que por lo menos fuese en tiempo y días de Xa Thamas, ochenta y más años antes, dándole que en aquella sazón pudiese tener cuarenta años de edad, que juntos con los ochenta hacían ciento y veinte, habiendo algunos que le agregaban más cantidad de años, pareciéndoles cosa imposible que de otra manera él pudiese tener tan particular noticia, aun de lo que los más viejos de ellos ignoraban.
Confirmóse esto con más vehemente persuasión después que se divulgó no gustar de que mujeres le visitasen, atribuyéndolo, como á la verdad parecía cosa muy verisímil, no á virtud, sino á la inpotencia de la mucha edad, y ansí andaban con particular curiosidad, no solo preguntándolo á sus criados, pero al Embajador mismo, muchos de aquellos hombres más principales, particularmente los mas viejos, para acabarse de certificar de un tan gran milagro de naturaleza. El Embajador, habiendo conocido su persuasión, de industria les respondía confusa y perplejamente, diciéndoles que no tenía memoria cierta de su edad, ni tampoco se acordaba de haber estado en Persia, habiendo pasado tantos años, con que de todo punto acabaron de confirmarse de la opinión que antes todos habían concebido, ayudando á ella saber que había mandado que no acudiesen las danzas y bayles de muchachos y mujeres á su posada.
Con esta buena fama llegó el Embajador á Spahan, acrecentado ya en mucha más cantidad el número de los años, y como en el día de este banquete de la fortaleza, muy en secreto, con solo el interprete, llegase el Deroga, que era uno de los gobernadores, al Embajador, á donde estaba asentado, le hizo el mismo ofrecimiento que le hicieron junto á Xiras, diciéndole que si gustaba de que le visitasen mujeres, que serian no de aquellas que allí baylaban, que eran ordinarias y comunes, sino de otras más hermosas y que no salían de sus casas, añadiendo más cosas á este propósito. El Embajador, por buen término le agradeció su voluntad, diciéndole que no tenía ya edad para gustar de mugeres, por mozas y hermosas que fuesen. Con esto, firmemente se acabaron de resolver en Span, aun mucho más que en Xiras, haber ya ochenta años que el Embajador estuvo en Persia en tiempo de Xa Tamas, y que de aquí nacía la noticia que tenía de las provincias y reynos de su monarchia. Y porque les parecía imposible que un hombre de tanta edad anduviese, como le veían, tan ágilmente á pie y á caballo, atribuían esto á alguna invención y arte sobrenatural por via de mágica, siendo, como son todos, supersticiosos, y que facilmente se persuaden á engaños semejantes.

El gobernador principal, á quien llaman Visir ó Goazil, es el capitán y castellano de esta fortaleza, viviendo siempre dentro de ella con algunos pocos soldados y ministros suyos. Entre la fortaleza y la ciudad se iban labrando, cuando el Embajador estuvo en ella, mucha cantidad de razonables casas de otra colonia de armenios que el rey hizo venir de la ciudad de Ervan, y según el cuydado que puso de engrandecer y ennoblecer á Spahan, estuviera ya en mucho mayor aumento del que ahora tiene, sino se hubiera este rey divirtido tanto estos días en querer hacer lo mismo en Farabat, ciudad de la provincia de la antigua Hircania, en la costa del mar Caspio, como adelante más largamente diremos.

Los moradores de la ciudad de Spahan, que ahora es la metrópoli y principal cabeza del inperio de Persia, son gente más apacible y de mejor inclinación y naturaleza que los de Xiras, siendo mucha parte para esto estar mezclados con tantas otras naciones, particularmente de armenios, georgianos y surianos cristianos, y ansi son apacibles y llanos en su trato con todo genero de forasteros y extranjeros.
El traje, ansi de hombres como de mujeres, es el mismo que el de Xiras que ya se ha referido, siendo muy poca la diferencia que hay en el de las mujeres de estas naciones cristianas, aunque por la mayor parte las armenias no traen manto blanco, sino unas ropas negras ó moradas largas hasta abajo, y tocas como las labradoras de España, pero todas con calzones como las demás persianas y árabes. Las mujeres mozas, universalmente, usan por gala fajarse la frente con algunas vendas de tafetán de colores, muy apretadas, y algunas de más posibilidad ponen en ellas randas pequeñas de oro y de lo mismo de que las vendas son labradas. Se vienen á atar atrás como orejeras, de la forma de las que tienen los morriones de nuestra infantería, por debajo de la barba junto á la garganta, apretándose de manera que los carrillos y todo el rostro queda muy hinchado y redondo, siendo esto de lo que más se precian, cosa del todo feísima y al revés de lo que las mujeres de Europa pretenden, que es de parecer delicadas y aguileñas de rostro. En los hombres no hay diferencia considerable, siendo el hábito todo uno, más de los que tienen más ó menos posibilidad, sigún la calidad del vestido.

Acostumbran ordinariamente los baños, separadamente hombres de mujeres, y estas, si no son las vulgares y comunes, no salen fuera á los baños públicos, teniendo las más principales y de alguna consideración baños en sus casas, como se dijo de las de Xiras, que como cosa muy guardada se acostumbra ansí no solo en la Persia, sino también en las demás partes del mundo adonde siguen la secta de Mahamet [y] son señores los árabes, tártaros y turcos.
Y aunque en todas estas naciones asianas sean tan usados y comunes todo genero de vicios de la sensualidad, en esta ciudad particularmente están muy araygados por la gran coluvie de naciones estranjeras y de los muchos esclavos y esclavas georgianos, circasos y rusianos, blancos y de gestos venustos y hermosos, y esto ha crecido de pocos años á esta parte en que el Xa ha trasportado infínito número de muchachos y muchachas de poca edad de todas las dichas naciones. Pero aun lo que para entre los mismos infieles es abominable y del todo bestial, es que hay en esta ciudad muchos hombres que teniendo posibilidad para ello, compran muchos de estos muchachos y dejándoles crecer el cabello como á mujeres, con vestido semejante á ellas, y mostrándolos á bailar, los tienen en casas públicas como en los burdeles de las mujeres de Europa. Y es cosa lastimosísima ver tanta cantidad de niños comprados para este fin, pudiéndose esto solo juzgar por suma inpiedad de este rey, habiendo destruído y traído á tan miserable servidumbre la mayor parte de los tristes moradores del Gurgistan ó provincias de Georgiania.
Los circasos y moscovitas, por la mayor parte son robados de los tártaros, lazos y cosacos, sus vecinos, y algunos de sus mismos naturales, y traídos á vender á Derbento, enviando cada año muchos el gobernador del Sirvan al rey de Persia, sin otros que continuamente traen diversos mercaderes, de manera que todas estas provincias de la Persia están llenas de los dichos esclavos y esclavas.

(García de Silva y Figueroa "Comentarios", Tomo I, Libro V, Capítulo II, pp. 43 – 51)

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